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Conferencia del Cardenal Robert Sarah Destacado

El pasado 24 de mayo de 2016 en el Palacio de Congresos Lienzo Norte, el Prefecto para la Congregación del Culto Divino, el cardenal Robert Sarah, pronunció una espléndida conferencia titulada "La teoría de género: sus repercusiones". El acto, organizado por la Cátedra Santa Teresa de Jesús de Estudios sobre la Mujer y el Instituto Berit de la Familia, contó con la presencia de un auditorio integrado por espectadores de diferentes provincias españolas. Entre ellos se encontraba una representación de la Escuela Universitaria de Magisterio Fray Luis de León compuesta por la Directora, la Administradora, la Representante de los Alumnos de la Escuela y tres profesoras que tuvieron ocasión de desplazarse de Valladolid a Ávila para acudir al evento.

El cardenal comenzó su discurso aludiendo a las palabras de Sor Lucía con las que el Cardenal Carlo Cafarra, en calidad de primer presidente, inauguró el 16 de febrero de 2008 el Instituto Juan Pablo II de la Familia en Roma: "la batalla final entre el demonio y el Señor, se librará por el matrimonio y la familia." Tras recordar estas estremecedoras declaraciones de la hermana Lucía - una de las pastorcitas a las que se apareció la Virgen en Fátima -  el cardenal Sarah continuó realizando un análisis de la situación actual de la familia en el mundo. En este análisis no sólo hizo referencia al ascendiente del que goza esta ideología en las corrientes de opinión difundidas por los medios de comunicación, o al hecho de que la ideología de género cuenta con el aval de la OMS, y de un amplio elenco de entidades sanitarias de países como EEUU y Nueva Zelanda, sino al hecho de que los países o personas que se nieguen a claudicar ante ella contarán inmediatamente con una represalia. En efecto, países que rechazan incorporar esta ideología sufren sanciones económicas, como dejar de percibir subvenciones de ayuda al desarrollo. Y quien a título personal y en virtud de su libertad de conciencia prefiere otra opción de vida que la impuesta por este pensamiento mayoritario, puede tener que enfrentarse a una condena de prisión. Un ejemplo lo constituye una familia alemana cristiana protestante, cuyos padres fueron condenados a una pena de cárcel por negarse a que sus hijos participaran en experimentos bastante chocantes de educación afectivo-sexual.

A la constatación de la situación actual, siguió el esclarecimiento del origen del concepto gender ("género"). Así, Sarah comentó que el concepto "tiene su origen en las ciencias humanas de inspiración freudiana", e identificó las teorías de John Money, psiquiatra de Harvard, que en 1955, enfrentándose a casos de hermafrodismo introdujo el concepto de función de género (gender role): "género son todas las cosas que dice o hace una persona para mostrarse como poseedor de un estatus de hombre o mujer". Al definir el género a partir de la función social que desempeña una persona, quedaba definida la idea germinal de género por la cual la función social es la única fuente de la identidad sexual. Más tarde, otros científicos dirían en los noventa que "ser hombre o mujer no es lo que somos, sino lo que hacemos".

Sin embargo, la conferencia alcanzó su nudo gordiano cuando el cardenal, en una honda reflexión, sacó de la penumbra la relación entre el deísmo del enciclopedismo francés del siglo XVIII y la ideología de género de nuestros días. En efecto, Voltaire y Diderot - entre otros - quienes fueron el motor de la revolución francesa y quienes la nutrieron de la idea bandera de "liberación del Dios cristiano", al afirmar que Dios simplemente crea el mundo y se despreocupan totalmente de él, mataron con el deísmo el carácter paternal de Dios. Dios deja de ser un Padre y se convierte en un irresponsable de su obra. De este modo, si Dios ya no es el Padre, el ciudadano deja de ser el hijo. Y si no es hijo de un Padre, tiene que construir su identidad basándose en su única razón. Pero las consecuencias de este deísmo ilustrado se manifiestan por sí mismas en los avatares históricos que hemos contemplado en los siglos posteriores. Primero, en los campos de concentración nazis, después, en los gulags comunistas; y, por último, en el fango de la ideología de género. Abandonado a su única razón, el hombre se desequilibra si falta la fe. Y, si bien la Declaración de los Derechos Humanos se asientan aun en el derecho natural, el derecho positivo, amparado y aplicado por los legisladores de muchas naciones, se aleja de esa noble inspiración equilibrada que aún se rastrea en aquella Declaración. Por ello, muchos son incapaces de definir qué es un embrión humano. Y, por ello, para evitar hablar del pseudoderecho del aborto, los legisladores eligen la opción de "andarse por las ramas", esforzándose por encontrar expresiones que no hagan enfadar a nadie, como ocurrió en 1998 en Francia cuando la comisión consultiva del gobierno definió al embrión como "persona humana potencial". Según el cardenal, como resultado de este divorcio entre el individuo y la persona, el mundo entero se ha hundido en el individualismo y en las ideologías, de modo que el deísmo ha conducido a la muerte del propio hombre. Friedrich Nietzsche, con su teoría del superhombre; Sigmund Freud, con su antropología basada en las pulsiones; y Jean-Paul Sartre, con su nihilismo libertario, han contribuido a afirmar que el asesinato del individuo sólo es posible si se mata al padre, si se mata a la autoridad, como se expresó en el mayo francés de 1968. Pero el asesinato del Padre y del padre no queda aislado, sino que acarrea el asesinato de la madre, cuyo principal mecenas es el feminismo y su defensa del uso libre de los anticonceptivos. De esta manera, a finales del siglo XX, el padre, la madre, el esposo, el hijo, la hija... acabaron perdiendo su estatus. Y, actualmente, la familia se ha convertido en un elemento abstracto e inestable que obligue al gobierno francés a la sustitución del nombre de "ministerio de la familia" por el de "ministerio de las familias". Este proceso, comenzado con la muerte de Dios Padre en el siglo XVIII, y culminado con la muerte del hombre en el siglo XX, ha conducido, a juicio del cardenal Sarah a la ideología de género. ¿Cómo? Pocos niños, familias reducidas, un hombre y una mujer que cohabitan, parejas homosexuales... Sin la figura del padre y de la madre, es decir, sin autoridad, caemos en un relativismo, en un panem et circense, en la sociedad de los bienes de consumo y del ocio. Los ciudadanos que únicamente fundamentan su vida en este lema se entregan a la soledad en el peor de los casos, o al suicidio. De ahí al "bricolaje del género" sólo había un paso. Y la revolución del género acabaría convirtiendo al individuo en un zombi. 

El cardenal acabó su conferencia con un aliento de esperanza, pues, al fin y al cabo,  nuestra sociedad no es diferente de la sociedad en la que vivió San Pablo. Nos compete a nosotros el responder con nuestro testimonio, como lo hizo San Pablo.

Para la representación de nuestra Escuela de Magisterio fue un honor poder estar entre el público asistente pues, en los tiempos que corren, es menester estar cerca de, como diría Sta. Teresa de Jesús, los "amigos fuertes de Dios".        

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