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¡EUM Fray Luis de León estuvo en Cracovia!

¡EUM Fray Luis de León estuvo en la JMJ de Cracovia, 2016! En efecto, estuvieron allí Carmen Pilar Serrano (alumna de primer curso de magisterio de educación primaria); Mireya Ferreras y José Mª Morillo (alumno de segundo curso de magisterio de educación primaria); Almudena Hernán y Rocío Monzón (alumnas de magisterio en educación primaria con mención en Educación Física); y Mª Nieves Barahona y Miriam Ramos (profesoras).

A continuación, dejamos el testimonio escrito de Rocío Monzón:

Me llamo Rocío, tengo 24 años y soy de Aranda de Duero.

En 2011 participé en la JMJ de Madrid. Cuando me apunté, apenas sabía lo que era. Sin embargo,aquella experiencia en los días de acogida en la diócesis marcó un antes y un después en mi vida. Conocí a una persona: Jesús, con un rostro vivo: miles de jóvenes de la Iglesia de todo el mundo. Volví impactada.

En estos 5 años he tratado de vivir experiencias de fe con más jóvenes y de "empaparme" del testimonio de entrega de laicos, sacerdotes y religiosas que en su familia, en su trabajo o en su comunidad van construyendo el Reino de Dios. Desde el principio supe que si no cuidaba esa relación de amistad era muy fácil irme por otros derroteros alejados de Dios y, por tanto, de mi felicidad. Todos esas personas y todos los momentos irrepetibles que he vivido junto con ellos, han sido el impulso para repetir aventura, esta vez, Cracovia 2016. He disfrutado volviendo a lugares que había visitado durante mi año Erasmus: Praga, Viena.. e incluso he podido encontrarme con algunos amigos, que alejados de la fe, han podido ver la marcha que llevábamos en el grupo con nuestros gritos e himnos JMJeros.

Ya en Polonia, la acogida en las familias polacas ha sido "de lujo": mucho mejor que una estancia en un hotel de cinco estrellas. No exclusivamente por las comodidades, sino por la calidez, la disposición y la amabilidad de sus gestos. En alguna ocasión las barreras del idioma nos impedían comunicarnos mediante palabras pero he de reconocer que resultaba muy divertido. Es admirable reconocer en la familia que te acoge una Iglesia servicial, hospitalaria y generosa, dispuesta a manifestar su fe abiertamente con un cariño y una delicadeza especiales. Personalmente, a través de estos hogares, he visto cómo se puede practicar las obras de misericordia sin salir de casa. También me llevo de esta experiencia muchas de las invitaciones que nos ha hecho el Papa Francisco: por qué no atrevernos a soñar, a dejar huella por allí por dónde pasamos, a estar siempre en zapatillas dispuestos a cambiar lo que no está bien. Esta jornada es una prueba de que el mundo puede hacer las cosas mejor, allí las banderas, las culturas, los idiomas no eran ningún impedimento para entendernos entre las diferentes naciones porque había un deseo que nos unía por encima de todo eso: seguir a Jesús.

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